MOTIVACIONES PARA LA PARTICIPACIÓN ACTIVA

EN LA PASTORAL PRESBITERAL DIOCESANA 

 

La pastoral presbiteral ha de ayudar a superar situaciones y actitudes que impiden o dificultan el crecimiento, las cuales se reflejan en las siguientes expresiones: Es difícil; no tengo tiempo; no tengo dinero; no creo en ella, no espero nada de ella; no sirve, no funciona; no necesito; no me interesa; no quiero (Cf. DMVP 97). Necesitamos purificar y fortalecer nuestras motivaciones para mejorar la participación personal y comunitaria en el proceso de la pastoral presbiteral diocesana. Ello nos ayudará a aprovechar mejor los servicios y para dar nuestro aporte en la planeación, ejecución y evaluación de los servicios.

 

Para motivar, se pueden proponer razones que se puedan asumir, normas que se acepte cumplir, necesidades que se quieran resolver, intereses que se quieran realizar y caridad pastoral que mueva todo lo anterior. Los siguientes elementos pueden ayudar bien en el proceso de esa motivación.

 

ELEMENTOS PARA LA MOTIVACIÓN A LOS SACERDOTES

Para participar en la pastoral presbiteral, a unos sacerdotes los mueven fuertes motivaciones. A otros no los ha movido nada. Las tres clases de motivaciones que vamos a considerar mueven mucho en este campo. Ellas son interdependientes, se exigen mutuamente. Convendría crecer en las tres motivaciones estableciendo las prioridades que correspondan. Las tres motivaciones, bien asumidas, mejoran decididamente la participación de los presbíteros en la pastoral presbiteral.

 

 1. Para corresponder al amor de Dios:

Me comprometo en la pastoral presbiteral por amor a Cristo Pastor, que me ha lavado los pies y me ha enviado a lavar los pies a mis hermanos (Cf. Jn 13, 1-17). Me reconozco enviado por el Buen Pastor a pastorear, sirviendo de manera prioritaria a los pastores. Para mostrar mi amor a Dios, me sigo dejando lavar los pies de Jesús y cumplo la misión de lavar los pies a mis hermanos del presbiterio diocesano y a otros. Por este camino seré cada día más feliz, conforme a la promesa del Señor (Jn 13,17). Comprendo el derecho y el deber de hacer responsablemente mi propio discipulado misionero, lo cual me ayuda a mejorar el compromiso en mi renovación integral y en la de mis hermanos. Siento el gran amor que Dios me tiene y quiero corresponder a Él, creciendo integralmente y sirviéndolo a Él en los hermanos.

 

 2. Por mis hermanos sacerdotes:

Me comprometo en la pastoral presbiteral por ayudar a mis hermanos sacerdotes. Me mueven las necesidades de ellos y el reconocer que son hermanos míos, que tiene derecho a que yo sea buen hermano y servidor suyo; además, reconozco que yo puedo ayudarlos.

Me mueve el reconocer que nuestra vida y ministerio tienen una esencial dimensión comunional (PDV, 17, 31), que me lleva a vivir en comunión de presbiterio y en corresponsabilidad pastoral con todos. Por ello, he de compartir formación, comunión y ayuda fraterna, trabajo por el bienestar integral de todos. Compartir discernimiento, proyección y servicio, lo cual lo hago participando activamente en la pastoral presbiteral. Nos acompañamos y ayudamos según nuestras necesidades, damos y recibimos participando activamente en el proceso de la pastoral presbiteral diocesana.

Trabajo por mis hermanos sacerdotes por amor al Pueblo de Dios, por la comunidad a la que he sido enviado a servir. Por justicia con ellos, que tienen derecho a tener buenos pastores. Lo hago para actualizar y renovar continuamente mi ministerio, para servir mejor mi comunidad eclesial y para santificarme a través de él. [1]

 

3. Por mí mismo:

Me comprometo en la pastoral presbiteral, conforme a mi identidad y situación, para lograr progresivamente mi propia realización personal. Con ese acompañamiento y ayuda logramos avivar continuamente el don recibido en el sacramento del orden. La caridad pastoral es como una semilla que necesita ser cultivada y ayudada para mantenerse viva, crecer y dar buen fruto. Sobre cada sacerdote recae el deber – derivado del sacramento del orden – de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversión diaria que nace del mismo don (Cf PDV, 79). Es necesario el crecimiento integral del presbítero, para lo cual tiene el deber moral, de aprovechar los servicios comunitarios de pastoral presbiteral diocesana y de hacer su propia parte trabajando por su propio crecimiento.

Nuestra vocación y misión nos exige vivir en fidelidad y renovación continuas (Cf. PDV 70). Así logramos vivir y servir mejor, dando la vida por Cristo, con caridad pastoral. Para ello necesitamos el acompañamiento y ayuda de Dios, en la Iglesia, mediante la pastoral presbiteral. Reconozco que he sido enviado a hacer este servicio, como parte muy importante de mi ministerio pastoral y con él recibo nuevas bendiciones de Dios.

 

En el aspecto jurídico y de obligación moral, las normas canónicas indican al presbítero obligaciones concretas respecto de su vida, de su formación y de su ministerio pastoral (Cf. CIC 275 - 279). Para la Diócesis, y para el Obispo particularmente, se indican obligaciones de servicio a sus presbíteros en la formación, comunión y bienestar integral y en la organización y animación de la pastoral presbiteral diocesana. Pero, ni los reglamentos o normas de la autoridad eclesiástica, ni el ejemplo de los demás sacerdotes, bastan para hacer apetecible la formación permanente si el individuo no está personalmente convencido de su necesidad y decidido a valorar sus ocasiones, tiempos y formas (Cf PDV, 79).

 

Cuando participamos activamente en la pastoral presbiteral por amor a Dios, para ayudar a nuestros hermanos sacerdotes y por crecer nosotros mismos, se logra realizar un servicio excelente y se reciben muchos beneficios: lavar los pies a los hermanos sacerdotes nos une más a Jesús, a quien encontramos y servimos en esos hermanos; por otra parte, ese servicio fortalece y hace crecer nuestra caridad pastoral, con las bendiciones que Dios nos da; además, ese “lavar los pies a los hermanos” purifica y renueva nuestros sentimientos, actitudes y vida, haciéndonos más semejantes a Jesús, Buen Pastor y Servidor humilde.

 

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[1] La Evangelii Gaudium describe importantes motivaciones para un renovado impulso misionero, que tienen aplicación dentro de las motivaciones para la participación activa en la pastoral presbiteral (EG 265, 266, 267, 268).